14º
Inmersión
Esto se iba acabando y cada inmersión que hacíamos
nos iba dando más pena el tener que dejar este ritmo de vida. El primer día
pensé:“Puf, siete días aquí metida, espero que no se me haga largo”. Y El
sexto día pensé:“Yo no me muevo de aquí”.
Nos levantamos como todos los días para hacer otra parte de Thistlegorm. Esta vez la inmersión iba a ser por el
exterior y Fernando nos advirtió de que había mucha corriente por lo que, según nos íbamos tirando bajábamos agarrados al cabo.
Os dejo otro mapa del barco. Esta vez en Español XD
Maaaaadre mía
cuando caímos al agua, qué corriente había. Bajamos por el cabo haciendo
brazos y una vez estábamos el grupo entero comenzamos a aletear para ver la hélice que
se encuentra en la parte más profunda, a 30 metros. Cuando la vi la agarré
fuerte fuerte, para no volver una vez más sino muchas. La pobre hélice ya está
limada de tantas manos que han pasado por ella. Pudimos ver una de
las locomotoras, también situada a 30 metros. En esta solo queda la
caldera y las dos primeras ruedas delanteras.




Seguimos por el lateral del barco deleitándonos con la munición que se encuentra en perfecto estado. Se puede ver el año de fabricación y todo tipo de detalles. Cuando íbamos a ver el cañón y la ametralladora antiaérea, nos encontramos una morena. Avisé a los que estaban a mí alrededor pero no hice mucho caso de la vida que me rodeaba, sino que me centré más en aquellas antiguas máquinas de matar (¡Qué bélico a sonado eso!). Me imagino cuando los dos aviones alemanes pusieron punto fijo en el Thistlergorm, como tenían que descargar estos dos artilugios para defenderse. Aún se me pone la piel de gallina al recordarlo.
Cuando decidimos seguir la inmersión por el
otro lado, la corriente era demasiado fuerte y Guille había entrado en reserva,
por lo que junto con algunos compañeros del grupo nos agarramos al cabo, y mientras ascendíamos lentamente íbamos disfrutando de la
magnitud del
barco.
A Guille como en las últimas inmersiones le comenzó el
dolor, primero en la boca y después por todo su lado izquierdo de la cara. Cuando
me lo dijo, descendimos un par de metros y retrasamos más la salida. Aún así no
nos quedaba más remedio que seguir ascendiendo a pesar del dolor. Conseguimos llegar a los tres
metros.
En este momento me dio la cámara y se abrazó
al cabo cual monillo en una rama y acto seguido me señaló el agua y después su
cara. Yo, sin tener ni idea de lo que me quería decir y pensando que se refería
a su dolor, no pude hacer nada.
Pues bien, se refería a que tuviese cuidado
ya que estaba todo lleno de pequeñas partes de medusas que con la fortísima corriente no paraban de
chocar en la cara produciendo una gran quemazón.
Me percaté en cuanto 4 de estos pequeños trocitos
me tocaron la cara. Aquí fue cuando le di lógica a la postura que había tomado y
a las señas que me hizo.
Durante la parada, a pesar del escozor, los dolores
de Guille y la corriente, hubo un momento muy gracioso. Cerca del barco y a un
metro de superficie, vi como
uno de nuestros compañeros aleteaba sin parar hasta llegar a las escaleras. Cuando
digo aleteaba sin parar, me refiero a que estuvo un minuto por reloj dando
aletas sin moverse del
mismo sitio. Me hizo muchísima gracia, pero seguramente a el no le hiciese ninguna verse en esa tesitura. A quien se le ocurre ir a un metro teniendo la superficie tan
cerca, donde los marineros te podían ayudar.
Al salir pregunté quien era y como no, era Peke. Su manómetro
subió golpeando la aguja al 0. Al enterarme no paraba de reírme y aún hoy al recordarlo me sigo riendo.
15º Inmersión
Después de
desayunar y reponer las fuerzas que habíamos gastado con la corriente, quitamos
los cabos que nos retenían en este precioso tesoro histórico y nos movimos
dirección al arrecife de Sha´ab Mahmoud para hacer la inmersión de Small Crack.
Como su nombre
dice, es una pequeña grieta de 3
metros de ancho a la que solo se puede acceder a través
de zodiac.
Con diferencia y
a pesar de tantas cosas bonitas que había visto durante el viaje, este lugar me
conquistó. Era como
estar en el paraíso. El azul turquesa del
agua parecía un fondo de piscina, la calma que me transmitía el lugar es
indescriptible. Ni que decir cuando nos tiramos de la embarcación y comenzamos a
ver coral, jardines de gorgonias, anémonas. Para
hacer más espectacular la inmersión, un tiburón leopardo nos hizo una visita.
Cuando el grupo comenzó a hacerle un book, el, muy modesto, cambió de pose y se fue nadando a un
pequeño claro de arena donde pudimos seguir deleitándonos mientras el nos observaba.
La verdad es que nos tenía asfixiados porque había mucha corriente y la inmersión se estaba haciendo a la caribeña, pero al seguir a este pelágico, cambiamos de dirección unos metros e hicimos un poco piernas
Cuando se fue
seguimos con la inmersión con la satisfacción de que por fin habíamos visto un
tiburón y en uno de los sitios más bonitos de todos los visitados.
Seguimos buceando
hasta llegar a una pequeña pradera de arena a 19 metros, donde viven
más de una veintena de anguilas jardineras. Muy despacio nos acercamos para que
estas no se escondiesen y se dejasen fotografiar. Algunos no daban a basto, ya
que justo detrás teníamos una anémona roja preciosa y tres rayas moteadas.
Cuando entramos en la
"Pequeña grieta", hicimos lo que Fernando nos dijo en superficie
:" Dejaos llevar por la corriente y disfrutar del paisaje ya que nos
dejará debajo del barco" Y así fue. Era como estar en un trenecito solo
que flotando bajo el agua. Veía que la grieta se terminaba y solo había arena
llena de pequeñas y grandes caracolas, lo que significaba el fin de la
inmersión. Una pena, ya que me hubiese encantado estar más tiempo y eso que subimos
de los últimos.
Como íbamos
ascendiendo a la vez que la grieta se terminaba, Guille siguió con su gran
dolor en la boca. La verdad es que la cara que tenía a través de las gafas me
preocupaba bastante.
Cuando terminamos,
nos quitamos corriendo el neopreno y a pesar de que el agua estaba fresquita,
no nos pudimos resistir a tirarnos y hacer un poco de snorkel, quien dice
snorkel dice hacer el tonto.
16º Inmersión
Mientras comíamos
vimos las fotos que se habían hecho y comentamos esta bonita inmersión. Pero tras el descanso, nos preparábamos para
hacer otra vez el arrecife de Shark y Yolanda, solo que esta vez le añadíamos
Anemone city.
Empezaríamos en
Anemona city y tras nadar en el azul unos 5 minutos, llegaríamos a los otros
dos puntos.
Cuando por fin vi
todas las anémonas cargadas de peces payasos, comprendí porque le llamaban así.
Qué bonitas eran ,cada una de un color con un precioso manto parecido al terciopelo. Los que llevaban cámara no sabían a cual de ellas hacer fotos.
Después de pasar un rato disfrutando de este inusitado lugar,
seguimos a Fernando para hacer este salto. Nunca antes había nadado en el azul
y tengo que decir que es una sensación muy rara. A lo mejor, debido a mi poca
orientación, solo me pasa a mi pero me sentía perdida sin tener ningún punto de
referencia con el que controlar mi profundidad (qué haríamos sin los
ordenadores) ni la dirección a la que me dirigía, menos mal que nuestro guía
iba delante.
Llegamos a Shark Reef y pudimos seguir gozando de la cantidad de coral blando y duro que
colonizaba el lugar, de sus peces loros, sus nudibranquios, etc.
Al pasar la
plataforma de arena y ver la primera placa de hierro, supimos que habíamos
llegado a Yolanda Reef. A lo lejos pude ver un gran pez globo. Corriendo y muy
emocionada fui a avisar al guía, para que el con su pato, llamase a los demás.
Tengo que admitir que cuando veo algo me pongo muy contenta y sobre todo después de
hacer una inmersión en Benidorm y llamar a todo el grupo emocionadísima para
ver un pulpo....rectifico, un pepino de mar ¬¬
Cuando terminamos
y después de merendar, algunas personas del grupo comenzaron a endulzar todo el
equipo ya que esta era su última inmersión del viaje. Entre estas personas y
con mucha lógica le "prohibimos" a Guille hacer más por sus dolores
de boca. El con sensatez y resignación aceptó su última inmersión.
Yo no endulcé. Me estaba pensando si hacer la nocturna, pero después de ver el último
atardecer y ver como salía la "gran luna llena" me animé a bajar con
mis nuevos compañeros de buceo, Ana y Garrote.
17º Inmersión
Preparados y con
el recorrido de "El templo" que nos explicó el guía en la cabeza, nos tiramos al agua. Garrote
y yo llevábamos una luz estrobo en la grifería para tenernos como
punto de referencia.
Cuando jugábamos
un poquito a ser Dios con el foco de Claudia (dejaba a los peces ciegos) Ana me
avisó, y agarrándome del brazo me llevó hasta el fondo de 16 metros, donde había
una tortuga. La primera y única tortuga del viaje. La pobre estaba durmiendo
pero cuando todo el grupo se acercó, con las luces de las linternas, la
despertamos y "quitándose las legañas" comenzó a nadar. La
acompañamos unos segundos hasta que la perdimos de vista. Mis compañeros dijeron
que habían visto otra, pero yo no la vi o la confundí con la primera, el caso
es que estaba muy contenta y dando palmas. Aún me arrepiento de no haberme bajado la cámara... Aquí os dejo una foto de uno de los del grupo.

Seguimos la
inmersión viendo peces león, varios nudibranquios, morenas enormes y cuando
fuimos en busca del cabo tuvimos que dar un par de vueltas al no encontrarlo. Algunos dicen que no nos perdimos pero aquí mi orientación me
dijo que si y efectivamente llevaba razón. Los que se quedaron en superficie
nos dijeron que una zodiac iba a salir a por nosotros ya que los destellos de
las linternas se estaban alejando del recorrido.
Cuando salimos
contentos y a gritos desde el cabo, comenzamos a decir "Hemos visto una
tortuga!!!!". Guille mientras me ayudaba a quitarme el equipo me miraba
con ojos tristones y me decía: "¿De verdad
la habéis visto?". Guille, desde aquí te digo en público, que te
prometo una tortuga en la próxima inmersión (fuera de España, claro)
Mientras los
demás se sentaban a cenar yo empecé a endulzar el equipo. Esta era mi última
inmersión o al menos eso pensaba. Había parte del grupo que hacía la del día
siguiente a primera hora. Tito y Yoli me dijeron que me animase, que me iba a
arrepentir si no la hacía.
Al
final después de tener todo el equipo endulzado y listo para secar,
lo preparé todo para la mañana siguiente.
Después de
cenar, la tripulación nos preparó una fiesta de despedida con postres
árabes, música, juegos...La verdad es que al principio sales a la
"pista" con timidez, pero cuando ves a tus compañeros con una peluca
rosa y unas gafas a lo "Don puenteeee" se te quita todo tipo de
vergüenza. No todo iba a ser buceo,no?
Esa noche me fui con mucha pena a la
cama porque era la última que dormía en el barco, pero a la vez me fui con una
sentimiento de felicidad difícil de explicar. Había visto el Thistlegorm por fuera, un tiburón,
una tortuga y había estado en uno de los sitios más
bonitos del viaje.