jueves, 26 de abril de 2012

Día 8


Sonó el despertador y me quería morir. 
¡Qué sueño y que tristeza!

Ya si que se había acabado y encima me tocaba volar. A las 03.45 recogimos una bolsa llena de comida para desayunar y nos montanos en el autocar camino al aeropuerto. Después de esperar, facturar y volver a esperar, nos montamos en mi pesadilla.

Como la vez anterior, lo volví a pasar fatal cuando esa máquina llamada avión comenzó a acelerar, a vibrar, a moverse…

Siempre me han dado más miedo los aviones grandes que los pequeños por la razón de “que pesan más”. Lo se, para los que no les de miedo es una gilipollez, pero  esos “bichos” son enormes. Pues bien, desde este viaje odio los aviones pequeños y no por el espacio que hay dentro sino porque suena y se mueve muchísimo más.

Por fin llegamos al Cairo, primer vuelo superado. Ahora nos tocaba pasar aduanas y hacer tiempo para el segundo y más largo. Aún seguíamos buscando regalos para las familias y lo único que compramos fue tabaco de pipa. Vamos, que no nos trajimos ni un misero imán. 






Península del Sinaí







Las pirámides desde las alturas


Durante el segundo vuelo no se porque no conseguía mantener los ojos abiertos. Solo quería dormir.  Por lo menos aguanté a ver las pirámides y a comer, pero las 4 horas siguientes las recuerdo dando cabezazos e intentando encajar la cabeza en algún sitio para no romperme el cuello.Recuerdo a Guille partiéndose de la risa, porque era incapaz de mantenerme despierta.


Llegando a España empezamos a ver nuestro próximo destino vacacional. Aquí os dejo una foto y a ver si lo adivináis.

Al llegar Madrid, debe ser que el piloto no tenía pista y dio como tres vueltas alrededor de la ciudad. Era desesperante ver por la pantatilla del avión como hacía círculos una y otra vez.
Por fin aterrizamos. Además de llegar con la típica depresión postvacacional, pasamos de tener 30Cº a los fríos 10Cº de Madrid.

Aún así repito lo que dije al comenzar este blog. Ha sido una experiencia tan bonita, que me ha costado volver a la rutina como hacía tiempo.

No veo mi futuro dedicándome al buceo exclusivamente, pero lo que si tengo claro es que se ha convertido en una afición que me encanta, que me transmite miles de sensaciones en un solo segundo, que comparto con muchísima gente que se hace querer y que no quiero dejar de hacerlo, ni dejar de conocer fondos marinos (Mamá, papá, lo siento, se que os da mucho miedo, aunque en el fondo os gusta ver las fotos y vídeos :) )


Una vez más gracias a todas las personas que me han leído. Sin vuestras visitas y comentarios no hubiese hecho un nuevo blog.

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