Sonó el despertador y me quería morir.
¡Qué sueño y que
tristeza!
Ya si que se había
acabado y encima me tocaba volar. A las 03.45 recogimos una bolsa llena de
comida para desayunar y nos montanos en el autocar camino al aeropuerto. Después
de esperar, facturar y volver a esperar, nos montamos en mi pesadilla.
Como la vez anterior, lo volví a pasar fatal cuando esa máquina llamada avión comenzó a acelerar, a
vibrar, a moverse…
Siempre me han dado
más miedo los aviones grandes que los pequeños por la razón de “que pesan más”.
Lo se, para los que no les de miedo es una gilipollez, pero esos “bichos” son enormes. Pues bien, desde
este viaje odio los aviones pequeños y no por el espacio que hay dentro sino
porque suena y se mueve muchísimo más.
Por fin llegamos al
Cairo, primer vuelo superado. Ahora nos tocaba pasar aduanas y hacer tiempo para
el segundo y más largo. Aún seguíamos buscando regalos para las familias y lo único
que compramos fue tabaco de pipa. Vamos, que no nos trajimos ni un misero imán.
Península del Sinaí
Las pirámides desde las alturas
Durante el segundo vuelo no se porque no conseguía mantener los ojos abiertos. Solo quería dormir. Por lo menos aguanté a ver las pirámides y a comer, pero las 4 horas siguientes las recuerdo dando cabezazos e intentando encajar la cabeza en algún sitio para no romperme el cuello.Recuerdo a Guille partiéndose de la risa, porque era incapaz de mantenerme despierta.
Llegando a España
empezamos a ver nuestro próximo destino vacacional. Aquí os dejo una foto y a
ver si lo adivináis.
Al llegar Madrid, debe
ser que el piloto no tenía pista y dio como tres vueltas alrededor de la ciudad. Era
desesperante ver por la pantatilla del avión como hacía círculos una y otra vez.
Por fin aterrizamos.
Además de llegar con la típica depresión postvacacional, pasamos de tener 30Cº
a los fríos 10Cº de Madrid.
Aún así repito lo que
dije al comenzar este blog. Ha sido una experiencia tan bonita, que me ha
costado volver a la rutina como hacía tiempo.
No veo mi futuro
dedicándome al buceo exclusivamente, pero lo que si tengo claro es que se ha
convertido en una afición que me encanta, que me transmite miles de sensaciones
en un solo segundo, que comparto con muchísima gente que se hace querer y que no quiero dejar de hacerlo, ni dejar de conocer fondos
marinos (Mamá, papá, lo siento, se que os da mucho miedo, aunque en el fondo os
gusta ver las fotos y vídeos :) )
Una vez más gracias a todas las personas que me
han leído. Sin vuestras visitas y comentarios no hubiese hecho un nuevo
blog.
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