Me
levanto, no me levanto, me levanto, no me levanto…. Así unas 20 veces me lo
repetí cuando escuché el despertador a las 5.15 y veía como Guille seguía
durmiendo. Me pudo el vicio de las burbujas y a las 6 me estaba tirando al agua
con un nuevo compañero, Antoooooooooooonio. Los que hayan estado en el viaje
saben porque pongo Antoooooooooooooooonio y no Antonio.
Como podéis comprobar,
no coló y me tuve que volver, no sin antes dar un fuerte abrazo a todos los que
nos habían ayudado durante 7 días.
Para
quitarnos el disgusto fuimos a comer y a dormir un rato en la gigantesca cama.
Vale que nosotros no somos muy grandes, pero la cama media mucho más de 2 x 2. Para algunos una tontería, para mi el tamaño de donde voy a "planchar
mi oreja" es muy importante.

18º Inmersión
La inmersión se llamaba Ras Um Sid y tenía
como profundidad máxima 25
metros, donde había un precioso bosque de gorgonias que tuvimos que ver a los 20, nuestro tope de profundidad por el tema del vuelo a la mañana siguiente.
La verdad es que me pasó
algo rarísimo y es que después de todo el viaje sin problemas para compensar,
no era capaz de descender. El oído derecho me iba a explotar. Tuve que subir un
par de metros y volverlo a intentar hasta que llegué a los 15 . Le tuve que
decir a mi compañero que yo haría la
inmersión unos metros por encima de el por el oído.
Sin ningún percance más seguimos la inmersión cargada de coral y peces de arrecife. Leones, un pez piedra bastante grande, nudibranquios, dos pulpos... Por fin pude ver lo que era una bailarina española. Es de la familia de los nudibranquios y al desplazarse va creando ondas como si llevase un vestido flamenco, de ahí su nombre.
Sin ningún percance más seguimos la inmersión cargada de coral y peces de arrecife. Leones, un pez piedra bastante grande, nudibranquios, dos pulpos... Por fin pude ver lo que era una bailarina española. Es de la familia de los nudibranquios y al desplazarse va creando ondas como si llevase un vestido flamenco, de ahí su nombre.
Para despedir la inmersión y el Mar Rojo, un napoleón gigante nos hizo una visita. Era el más grande de todos los que habíamos visto (tampoco me bajé la cámara y no he conseguido las fotos del resto).
Después de 53 minutos algunas personas del grupo llegaban a reserva por lo que llegó el momento de salir del agua.
Con mucha pena
comencé a endulzar todo el equipo y a buscar un sitio donde colgarlo, ya el barco entero se convirtió en una gran zona de secado.
Mientras nos
duchábamos y preparábamos el equipaje, el barco se movió a puerto y a pesar de llegar a las
11, teníamos que hacer tiempo hasta las 12.30 que desembarcásemos.
Tengo que
felicitar al capitán por las maniobras que hizo para colocar el barco en el amarre. Increíble soltura y manejo del
timón. Si ya decíamos que era bueno durante todo el viaje, con
esto lo confirmamos.
Después de las
despedidas con la tripulación decidí que me iba hacer guía de
buceo, así que me despedí de mis compañeros y me quedé al lado de
Fernando...
Después de
la foto de grupo nos montamos en el autobús que nos llevaba al hotel
donde pasaríamos el día. El primer día lo vimos por fuera y pensamos,
qué cutre... Pero no tiene nada que ver la fachada con el interior. Creo
que es ideal para unas horas de relax.
El guía nos dejó en el hotel y un nuevo joven egipcio se encargó de
decirnos que nos recogerían a las 4 de la mañana para ir al
aeropuerto y que a las 03.30 se pasarían por la habitación para recoger las
maletas.
Desde luego si
quería caer bien, cuando dijo la hora, perdió cualquier tipo de
oportunidad.
En este momento
pensé que ojalá pudiese levantarme todos los días a las 5.15 para
bucear y no un solo días a las 3.30 para marcharme.
Habíamos quedado
a las 6 en recepción para dar una vuelta por Sharm el-Sheikh, así que después
de la siesta y sin demorarnos mucho, nos dimos un chapuzón en la piscina.
Por la tarde fuimos a ver si hacíamos algunas compras y llevar algún
detallito a la familia. Tras varios intentos fallidos no encontramos nada que nos
gustase y junto con el grupo decidimos cargar fuerzas con una "mini"
cerveza en un bar con unas vistas chulísimas de la ciudad. La "mini" cerveza hizo que bajásemos del bar un poco tocados.
Al final con la tontería tuvimos que ir con paso ligero a la cena del
hotel. Llegamos por los pelos, aún así conseguimos seguir
comiendo pan árabe (me encanta) y una rica cena antes de irnos a dormir.
Teníamos duda entre dormir o llegar a la recepción del hotel a las 4 de
empalme. Fuimos coherentes y descansamos unas horas.


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