miércoles, 25 de abril de 2012

Día 7

Me levanto, no me levanto, me levanto, no me levanto…. Así unas 20 veces me lo repetí cuando escuché el despertador a las 5.15 y veía como Guille seguía durmiendo. Me pudo el vicio de las burbujas y a las 6 me estaba tirando al agua con un nuevo compañero, Antoooooooooooonio. Los que hayan estado en el viaje saben porque pongo Antoooooooooooooooonio y no Antonio.



18º Inmersión

La inmersión se llamaba Ras Um Sid y tenía como profundidad máxima 25 metros, donde había un precioso bosque de gorgonias que tuvimos que ver a los 20, nuestro tope de profundidad por el tema del vuelo a la mañana siguiente.
La verdad es que me pasó algo rarísimo y es que después de todo el viaje sin problemas para compensar, no era capaz de descender. El oído derecho me iba a explotar. Tuve que subir un par de metros y volverlo a intentar hasta que llegué a los 15. Le tuve que decir a mi compañero que yo haría la inmersión unos metros por encima de el por el oído. 


Sin ningún percance más seguimos la inmersión cargada de coral y peces de arrecife. Leones, un pez piedra bastante grande, nudibranquios, dos pulpos... Por fin pude ver lo que era una bailarina española. Es de la familia de los nudibranquios y al desplazarse va creando ondas como si llevase un vestido flamenco, de ahí su nombre.
Para despedir la inmersión y el Mar Rojo, un napoleón gigante nos hizo una visita. Era el más grande de todos los que habíamos visto (tampoco me bajé la cámara y no he conseguido las fotos del resto).

Después de 53 minutos algunas personas del grupo llegaban a reserva por lo que llegó el momento de salir del agua.

Con mucha pena comencé a endulzar todo el equipo y a buscar un sitio donde colgarlo, ya el barco entero se convirtió en una gran zona de secado.



Mientras nos duchábamos y preparábamos el equipaje, el barco se movió a puerto y a pesar de llegar a las 11, teníamos que hacer tiempo hasta las 12.30 que desembarcásemos.

Tengo que felicitar al capitán por las maniobras que hizo para colocar el barco en el amarre. Increíble soltura y manejo del timón. Si ya decíamos que era bueno durante todo el viaje, con esto lo confirmamos.

Después de las despedidas con la tripulación decidí que me iba hacer guía de buceo, así que me despedí de mis compañeros y me quedé al lado de Fernando...
Como podéis comprobar, no coló y me tuve que volver, no sin antes dar un fuerte abrazo a todos los que nos habían ayudado durante 7 días.
Después de la foto de grupo nos montamos en el autobús que nos llevaba al hotel donde pasaríamos el día. El primer día lo vimos por fuera y pensamos, qué cutre... Pero no tiene nada que ver la fachada con el interior. Creo que es ideal para unas horas de relax.


El guía nos dejó en el hotel y un nuevo joven egipcio se encargó de decirnos que nos recogerían a las 4 de la mañana para ir al aeropuerto y que a las 03.30 se pasarían por la habitación para recoger las maletas.

Desde luego si quería caer bien, cuando dijo la hora, perdió cualquier tipo de oportunidad. 
En este momento pensé que ojalá pudiese levantarme todos los días a las 5.15 para bucear y no un solo días a las 3.30 para marcharme.


Para quitarnos el disgusto fuimos a comer y a dormir un rato en la gigantesca cama. Vale que nosotros no somos muy grandes, pero la cama media mucho más de 2 x 2. Para algunos una tontería, para mi el tamaño de donde voy a "planchar mi oreja" es muy importante.

Habíamos quedado a las 6 en recepción para dar una vuelta por Sharm el-Sheikh, así que después de la siesta y sin demorarnos mucho, nos dimos un chapuzón en la piscina.


Por la tarde fuimos a ver si hacíamos algunas compras y llevar algún detallito a la familia. Tras varios intentos fallidos no encontramos nada que nos gustase y junto con el grupo decidimos cargar fuerzas con una "mini" cerveza en un bar con unas vistas chulísimas de la ciudad. La "mini" cerveza hizo que bajásemos del bar un poco tocados.





Al final con la tontería tuvimos que ir con paso ligero a la cena del hotel. Llegamos por los pelos, aún así conseguimos seguir comiendo pan árabe (me encanta) y una rica cena antes de irnos a dormir.  Teníamos duda entre dormir o llegar a la recepción del hotel a las 4 de empalme. Fuimos coherentes y descansamos unas horas.

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