Esa noche no pude dormir nada del dolor que tenía en el oído izquierdo. Ni siquiera podía apoyar la cabeza en la almohada, ni tocarme la parte exterior de la oreja. Cuando sonó el despertador le dije a Guille que si Fernando daba el briefing del Thistlegorm, que subiese corriendo, ya que haría la inmersión, si no lo era me perdería la primera del día para intentar recuperarme.
Bajaron a ver el pecio Ghiannis D, uno de los más bonitos debido al fácil acceso y a la cercanía del arrecife. Me arrepentí de no bajar, pero mis oídos me lo agradecieron.
Bajaron a ver el pecio Ghiannis D, uno de los más bonitos debido al fácil acceso y a la cercanía del arrecife. Me arrepentí de no bajar, pero mis oídos me lo agradecieron.
Con la llegada del primer grupo me desperté y una vez desayunados nos volvieron a decir que recogiésemos todo ya que volvíamos a cruzar el estrecho de Gubal para acercarnos al pecio tan esperado.
Supongo que me pilló mal porque menudo mareo cogí. Ni biodraminas ni nada. Intenté dormirme en proa pero cuando me levanté casi no llego al baño. Aún recuerdo la media hora vomitando sin parar, los equilibrios, la temblequera y los sudores fríos.
A los 15 minutos de dormirme suena la campaña para explicar la segunda inmersión del día. No tenía fuerzas ni para levantarme de la cama. Aún así le dije a Guille lo mismo. “Por favor, si es el Thistlegorm, avísame”.
Se hacía de rogar, por lo que bajarían al pecio Kisgton, hundido en 1881 y característico por sus fuertes corrientes debido a la posición vertical en la que se encuentra. Cuando llegaron todos comentaban lo bonita que había sido la inmersión. Guille me dijo que había sido preciosa, con el agua cristalina pero con una corriente fortísima. Cuando me dijo eso, en parte me alegré. Llego a bajar con las pocas fuerzas que tenía y me tienen que recoger en Benidorm.
Después de tomarme otra pastilla para el mareo y de comer algo, llegó el momento tan esperado. Mi viaje no se basaba principalmente en este pecio, pero quienes me conocen saben que soy una freak de la Segunda Guerra Mundial y que el adentrarme en el Thistlegorm iba a ser algo especial.
No sabía de su existencia hasta hace unos 7 años, cuando una persona me enseñó vídeos. A partir de ahí me fui documentando y antes de ser buceadora ya me propuse adentrarme en el en un futuro y así lo iba hacer.
Amarrar nuestro barco al propio Thistlegorm no fue tarea fácil ya que son dos cabos los que nos sujetarían a lo largo de popa y proa y estos tenían que estar paralelos al pecio. Hay muchos problemas a la hora de amarrar, ya que hay guías un poco necios, tontos, cortitos, retardados (sin ofender,eh), que amarran a lo primero que ven, haciendo que el pecio cada día se deteriore más. Nosotros, como contábamos con un capitán y una tripulación de primera, no hubo problemas.
13º Inmersión
Mientras daba el briefing ya me estaba imaginando la inmersión. Fernando nos dio una pequeña clase de historia y nos advirtió de que había mucha corriente, por lo que teníamos que ir siempre detrás del guía y cuando nos adentrásemos en su interior, deberíamos ir de uno en uno.
Por fin nos tiramos. Con miedo a que el oído me diese problemas intenté bajar por el cabo despacio (a pesar la corriente) y compensando poco a poco. Cuando descendimos unos 10 metros ya se podía ver parte del barco. Ansiosos aleteamos hasta llegar a la entrada.
El Thistlegorm fue construido por Joseph Thompson e hijos de Sunderland . Con 126.5m de longitud y con un desplazamiento de agua de 4,898 toneladas. En Mayo de 1941 el buque cargó en Glasgow material de suministro para la octava división armada de Tobruk. Su carga no fue descrita más que con un simple “MT” (Motor Transport) quizá para evitar divulgar su carga. Motocicletas, munición, armas, alas de avión, ruedas de vehículos y hasta dos locomotoras destinadas a la compañía de trenes de Egipto.
El 2 de junio de 1941 con destino a Alejandría salió del puerto de Glasgow, se dirigió a algún lugar del sur de Inglaterra, donde se armó con ametralladoras y de ahí lideró un comboy con destino a Sudáfrica.
Tras su parada en Sudáfrica, escoltado por el HMS Carlisle, el convoy entró en el Mar Rojo. En el Canal, se atendía a criterios de paso como el tiempo de espera y el tamaño, ya que la actividad aérea enemiga era importante. En esos momentos se bloqueó el canal por dos buques y se quedó el Thisthelton dos semanas por el sur (zona no visitada por las fuerzas alemanas), hasta que llegó a los alemanes el rumor de que un buque se hallaba en esa zona con el objeto de descargar tropas en el norte de África.
Las tropas alemanas de Creta fueron alertadas de la posibilidad de la existencia de un enorme buque el 5 de octubre de 1941. Cuando los aviones se disponían a dar media vuelta por falta de combustible, divisaron el buque en una noche de luna llena. Dos bombas penetraron en la bodega 5 produciendo una explosión y su hundimiento.
La tripulación abandonó el barco. Este se hundió definitivamente a las 01h30 del 6 de Octubre de 1941. El Capitán Ellis y los supervivientes fueron rescatados por el HMS Carlisle.
El pecio fue descubierto por Jacques Cousteau durante los años cincuenta. Pero no se logró su localización hasta varios años después ya que no quiso facilitar las coordenadas (muy simpático el).
Una vez había pasado parte del grupo me tocaba ponerme en fila y adentrarme. Lo primero que vimos fue una sala llena de carbón. Empezamos en el segundo nivel por lo que iríamos subiendo poco a poco. Mientras, disfrutamos de las motos intactas, montones de botas perfectamente conservadas, rifles… hubo un momento en el que pasé de estar en el 2012 a estar en 1941. Pasamos de nivel y pudimos seguir viendo coches a los que es faltaban el volante (buzos inconscientes…) motos, nudibranquios… Estaba disfrutando muchísimo, subiendo al primer nivel por una parte bastante estrecha en la solo se podía subir en posición vertica y recorriendo todos sus rincones. Cuando salimos del interior vimos un tanque oruga, increíble para terminar la inmersión. Agarrados al cabo y haciendo la bandera pude seguir disfrutando de las vistas (una pena que falten esas fotos haciendo la parada).
Cuando salimos, Guille me preguntó que no se me veía muy contenta y yo le contesté que, después de tanto tiempo sabiendo sobre el barco, aún no me creía que lo hubiese buceado. Si que tengo que decir que me quedé con ganas de más.
Para cenar nos prepararon el salón con luces rojas, música, postres exquisitos y muy buen ambiente. Esto se iba acabando. Por una parte no quería pensarlo, pero por otra me tenía que ir haciendo a la idea para que la vuelta no fuese tan dura.
Nos acostamos prontito, ya que la primera inmersión del día siguiente sería la otra parte del Thistlegorm por el exterior.






Muy apropiado el dibujo del thisltergorm con las aclaraciones en perfecto aleman... jajajaja
ResponderEliminar